domingo, 15 de noviembre de 2009

El Grito Blanco calificó a Botnia de intrusa

Como en un ritual milenario, los vecinos de Gualeguaychú se acercaron hasta la orilla del río, ocuparon los mismos lugares que sus antepasados chanás y charrúas y pidieron por la erradicación de una empresa extranjera y contaminante.
La encargada de elevar la plegaria fue Agustina Crimella, una alumna de 11 años de la Escuela Mercedes San Martín de Balcarce, quien leyó la proclama de la quinta edición del Grito Blanco contra las emanaciones de Botnia.
“Tenemos pocos años, pero hemos aprendido a valorar la vida. Estamos convencidos de lo que esperamos para el futuro, y la responsabilidad que nos toca…que es cuidar el lugar donde vivimos”, expresó, ante los miles de alumnos de los ciclos primario y secundario del departamento.
“Nuestro grito retumba, recorre el mundo entero, nuestro grito que es blanco, porque somos pequeños. Queremos ser igual que nuestros padres y abuelos, queremos disfrutar el río, el aire, el cielo…….Pero BOTNIA es una intrusa……¡Y no nos permite hacerlo!”, prosiguió con su espíritu rebelde, tal vez sin saber que ejercía un derecho que proviene desde tiempos inmemoriales. De comunidades que nos enseñaron que la tierra no se recibe solamente como herencia de los ancestros sino que la tomamos prestada de nuestros hijos.
Los niños nos recordaron, a modo de advertencia, que como custodios circunstanciales de esa tierra, debemos preservarla.
El alarido de miles de alumnos terminó en un festival de música y canto, cuanto a la tarima subió un grupo de alumnos de la Escuela Especial Nº12 que ejecutó, mediante el lenguaje de señas, el tema “Celebra la Vida”. Festividad que no quitó solemnidad a una lucha que proclama que sin licencia social no habrá paz social.
Como en un ritual de los pueblos originarios, los pobladores de Gualeguaychú se acercaron a la vera del río, se posicionaron en los mismos lugares que sus ancestros chanás y charrúas ocuparon hasta hace 300 años. Como en ese instante único e irrepetible de todo ritual, elevaron sus plegarias frente al río y al sol, fuentes primordiales de vida.
Salvo que en aquellos tiempos, los pueblos originarios invocaban a sus dioses para atenuar los caprichos de la naturaleza mientras que el rito de ayer fue convocado contra los antojos de una compañía “intrusa”, tal como la definió Agustina Crimella, una niña de 11 años de la Escuela Mercedes San Martín de Balcarce, quien leyó la proclama de la quinta edición del Grito Blanco contra las emanaciones de Botnia.
“Tenemos pocos años, pero hemos aprendido a valorar la vida. Estamos convencidos de lo que esperamos para el futuro, y la responsabilidad que nos toca…que es cuidar el lugar donde vivimos”, expresó, ante los miles de alumnos de los ciclos primario y secundario del departamento.
“Nuestro grito retumba, recorre el mundo entero, nuestro grito que es blanco, porque somos pequeños.
Queremos ser igual que nuestros padres y abuelos, queremos disfrutar el río, el aire, el cielo… Pero Botnia es una intrusa… ¡Y no nos permite hacerlo!”, manifestó con un espíritu rebelde que muchos deberían imitar.
Acaso sin saberlo, esa niña ejercitaba un derecho milenario que proviene de las poblaciones originarias, muy recelosas del cuidado a la madre tierra. Esas comunidades enseñaron que la tierra no se recibe solamente como una herencia de los ancestros, sino que las actuales generaciones se la piden prestada a sus hijos. No fue otro el espíritu que el domingo convocó a los ciudadanos en el puente internacional General San Martín y este jueves se plasmó en el puerto.
Las nuevas generaciones recordaron, una vez más, que son los verdaderos dueños de la naturaleza y advirtieron del cuidado que debemos ejercer por lo que no es nuestro. “Señores poderosos: no manchen nuestro río, hasta ayer cristalino. Aprendan de nosotros, que aun siendo muy niños, sabemos que el dinero no nos compra la vida”, fue el tirón de orejas hacia sus padres y abuelos.
El alarido de los niños se transformó en música y canto cuando a la tarima subió un grupo de alumnos de la Escuela Especial Nº 12 que ejecutó, mediante lenguaje de señas, el tema “Celebra la vida”. Festival de música y canto, como herramienta para proclamar que sin licencia social no habrá paz social y para sacudir la modorra de los espíritus protectores del río.
Ese río que lleva un nombre que proviene de la expresión guaraní “yaguar guazú” o “río del jaguar grande” y que se mantiene agazapado, pero sereno al ver que las nuevas generaciones volvieron a elevar sus plegarias para pedir por sus derechos tutelares y a gritar “¡No a Botnia!”. Protagonizaron otro hito en defensa de su río, de su medio ambiente y de la vida misma, publicó el diario El Argentino de Gualeguaychú.
(Fuente:www.discofm.com.ar)

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